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Archivo de la etiqueta: Precuela

En el camino que lleva a las montañas

Año 380 de la Era Esplendorosa

La oscura línea que marcaba las montañas Infranqueables Australes se dibujaba ante mis ojos cada día más alta y más cercana, nuestro pequeño grupo ya no tardaría en poder diferenciar algunos de sus picos y valles, de ver la nieve en las cumbres más altas, aquellas que ni siquiera a mediados de verano perdían su blanco manto. Sabía que mis hombres estaban ansiosos por alcanzarlas, pues era el destino de nuestro viaje, la meta final después de unas cuatro semanas a caballo por la Calzada de la Costa que seguía la línea del mar desde la capital del imperio hasta las mismísimas montañas, la frontera más occidental de Drunian.

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Publicado por en 29 enero, 2015 en Fantasía

 

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El tiempo cura todas las heridas

El tiempo cura todas las heridas. Eso era lo que habían dicho… Pero era una mentira. El tiempo no curaba nada, en todo caso, hacía las heridas más profundas y dolorosas, te hundía más y más en la pena, en los recuerdos de días mejores, en la oscuridad de un alma que se había roto en mil pedazos… El tiempo no sanaba, no te hacía olvidar, no te devolvía aquellas sonrisas que tanto amabas, no besaba tus labios con dulzura o pasión, no acariciaba tu cuerpo, ni hacía latir más rápido tu corazón con tan solo una mirada de aquellos hermosos ojos violáceos. El tiempo traía pesadillas y largas noches sin dormir, traía recuerdos amargos y oscuros de su cuerpo roto entre tus brazos, de la sangre escurriendo por su pálida piel, de una mirada vidriada y sin vida. El tiempo convertía tu amor en cenizas y agonía, secaba tus lágrimas y hacía que el dolor clavase sus garras cada vez más fuerte y dentro de tu ser, desagarrándote lentamente, deshaciendo lo que una vez fuiste.

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Publicado por en 27 noviembre, 2014 en Fantasía, Fragmentos

 

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Memorias de Tredon

Memorias de Tredon

El silencio que reinaba en la gran habitación solo era roto por el rasgar de una pluma sobre el papel, ninguna de las mujeres allí presentes había dicho nada en varias horas, algo que aunque no era inusual, aquel día estaba resultando enervante. Pues aquel no era un silencio cómodo, sino uno cargado de tensión, de palabras que querían ser pronunciadas, pero que permanecían retinadas tras prietos labios. La más joven de las mujeres, vestida a la usanza de los guerreros, blanca librea y espada al cinto, estaba de pie frente a uno de los ventanales, los brazos cruzados sobre el pecho. La otra, envuelta en una túnica clara, con el largo cabello cayendo suelto por sus hombros, estaba sentada a una enorme mesa de madera oscura, cargada de papeles, pergaminos, rollos y voluminosos tomos de cubiertas ajadas. Tras la cristalera, un cielo límpido invernal se abría sobre la ciudad a los pies de la colina.

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Publicado por en 24 noviembre, 2014 en Fantasía, Fragmentos

 

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Memorias de Dabarra

Memorias de Dabarra

Era triste, sí, que el mundo hubiese cambiado de esa manera, que la humanidad hubiese perdido todo su poderío, su ciencia, su cultura; las antiguas ciudades no eran más que viejas ruinas cubiertas de salvaje vegetación y los hombres habían vuelto a refugiarse en pequeños asentamientos autosuficientes, dejando el comercio, antaño extenso y numeroso, en unas pocas manos. La grandeza de eras pasadas desaparecida en los nuevos vientos del tiempo.

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Publicado por en 24 noviembre, 2014 en Fantasía, Fragmentos

 

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